Personalidad, atractivo estético y excelentes dotes dinámicas son varias de las características comunes de nuestros invitados de hoy, a pesar de lo cual perderían toda comparativa con el sentido práctico como bandera frente a competidores tradicionales como un Renault Clio o un Fiat Grande Punto. Estos últimos les ganarían en espacio, precio, equipamiento… pero no en las características citadas al inicio de estas líneas. Así que si ha puesto sus ojos en ellos, que sepa que son un poco más caros y pequeños que los utilitarios convencionales… a cambio de ser utilitarios nada convencionales.
En lo estético, no hay nada que añadir a lo que nos cuentan las fotos. Ambos reinterpretan coches míticos de hace varias décadas, el Mini y el 500, que en su día fueron los primeros coches de muchos europeos. Ahora, sus secuelas serán, con más probabilidad, el segundo coche de la casa.
Por dentro, la sintonía continúa. Ambos han apostado de forma clara por los acabados de primer nivel y un diseño que es la continuación lógica del que vemos desde fuera. En los dos observamos fruición por el detalle, por el estilo retro y por la calidad de materiales o acabados. En este caso, es el Mini el que llega más lejos, no en diseño, en el que ambos diría que están a similar altura –aunque para gustos hay colores–, pero sí por los remates y los plásticos de tacto suave. Eso sí, teniendo en cuenta su procedencia , llama en mayor grado la atención el 500, cuya cabina está mejor resuelta que la de buena parte de sus hermanos mayores. En definitiva, ambos coches son los referentes en este apartado en su categoría.
Como esbozaba, el espacio interior no sobra. Los asientos traseros son justos, sobre todo en lo que a anchura se refiere, por lo que ambos han optado directamente por una configuración de cuatro plazas. En ninguno de los casos el maletero supera los 185 litros, que son 160 en el Mini. Este último, a pesar de ser unos 15 centímetros más largo y tener más batalla, ofrece una habitabilidad prácticamente idéntica, y si en algo gana, es en altura.
Motores
En esta ocasión, son dos propulsores de gasolina los que laten bajo sus capots. De 1.4 litros de cilindrada en ambos casos, generan 95 y 100 caballos de potencia, respectivamente, para Mini y 500. En ambos casos, tales cifras resultan más que suficientes para moverlos con soltura, logrando incluso un comportamiento bastante deportivo dado su reducido peso, en particular en de este último, que apenas supera la tonelada, algo realmente raro últimamente. Para ello, eso sí, hay que exprimirlos bien y subirlos de vueltas.
Sus prestaciones son muy similares. El Fiat presume de mejor aceleración –10,5 segundos en el paso de cero a cien frente a 10,9– azuzado por la comentada ligereza, mientras que su rival es ligeramente más rápido, con 185 km/h de velocidad punta frente a 182 del modelo italiano. Más clarificadora es la diferencia en consumos, en los que el modelo alemán con pasado británico se impone con una media de 5,3 litros cada cien kilómetros, uno menos que el 500.
Divertidos
Sorprende que, con la cara de buenos que tienen, estos dos vehículos puedan ser llamados, con todas las letras, deportivos. Los dos cuentan con suspensiones más firmes y eficaces que la media, que permiten divertirse de lo lindo en las curvas. Una vez más, y no nos cansamos de repetirlo, la ligereza colabora en mejorar todavía más su agilidad.
Ambos se desenvuelven por las carreteras reviradas como Pedro por su casa, son muy divertidos de conducir y pueden poner en aprietos a coches más grandes y potentes sin ningún género de dudas. Afinando, el Mini resulta ligeramente superior, pues la calidad de su amortiguación y el eje trasero independiente, del que el 500 carece, logra, además de una ligerísima ventaja en las curvas, un punto más de confort que su rival. Pero, verdaderamente, están muy parejos también en este apartado, ninguno de los dos es suave. En este sentido, corroborar que Mini se ha moderado un poco, pues antes sus chasis parecían directamente los de un kart de competición.
Caros
Como se aprecia, son muchas las similitudes de estos dos vehículos y es el Mini el que, discretamente, aventaja a su rival en apartados como acabados, consumos o dinamismo. Pero, sin duda, las diferencias son verdaderamente discretas. Por ello, como tantas veces ocurre, la diferencia de precio por esas ventajas puede no ser suficiente: el Mini cuesta casi 4.000 euros más que su rival, con una lista de equipamiento no mucho más amplia.
De esta forma, juzgamos al Mini ligeramente mejor coche, pero esa ventaja no vale tanto dinero como marcan sus listas de precios. Así que, a fin de cuentas, es Fiat el que ha logrado ofrecer más por el precio que vale.