Citröen ZX l.8iAura vs Citröen C4 2.0 HDi Exclusive
Aún resulta todo un placer “meterse” un viajecillo largo con el ZX. Comodidad, buenas prestaciones y mucha diversión en carreteras reviradas son su tarjeta de presentación. El C4, mientras tanto, sube un escalón y se sitúa como modelo casi de lujo.
El ZX comenzó su andadura comercial en el año 1991, y desde el principio se destacó como uno de los mejores productos de Citroën. Además de contar con un salpicadero sobrio y elegante, la gran variedad de motorizaciones y el buen trabajo hecho en el apartado de la suspensión aseguraban comodidad y buenas prestaciones para todos los ocupantes.
El ZX salió al mercado para llenar el hueco existente entre el AX y el BX. Era la época "X" de Citroën, que aún se vio aumentada con la llegada del Xsara, que partió justo después del ZX para sustituir a éste. El buen sabor de boca dejado por Citroën con el modelo que ahora os presentamos perdura en el tiempo, y la marca francesa no ha hecho otra cosa que mejorar el producto en todos estos años. El C4 es la materialización de esta evolución. Se trata de un modelo muy bien ensamblado, con mucha calidad en cada uno de los elementos y, en el caso de la versión Exclusive, que roza el lujo. Asientos de cuero, navegador, techo de cristal, control de velocidad (incluido en su volante multifunción) y, además, un cambio automático CMP que da mucho juego. Aunque también sabe lo que es una transmisión automática el otro componente de esta comparativa, puesto que el ZX también fue adquirido en su día con transmisión automática. Un elemento de confort que, por desgracia, todavía no es elegido por muchos usuarios.
Interior de vanguardia
Sobre todo en el C4, que cuenta con uno de los salpicaderos más modernos que hemos visto en mucho tiempo. El exclusivo diseño de su volante, en el cual sólo gira el aro exterior, y la posibilidad de contar con la pantalla multifunción en mitad del cuadro relajan enormemente la vista, puesto que ante nuestros ojos sólo encontramos los mandos de radio, navegador y control de velocidad y la pantalla con las revoluciones, donde una luz roja se enciende si superamos el régimen recomendado, algo que en ningún caso sucederá con la transmisión automática.
El ZX sigue un estándar diferente, aunque bien es cierto que el interior también es cómodo y funcional. Quienes usen talla grande no tendrán problema para encajar las piernas, y el volante es sencillo y liviano, a lo que también ayuda la ausencia de airbag. El cuadro de instrumentos está permanentemente iluminado y la radio se tapa para evitar miradas intrusas. Los mandos de la climatización están un poco más abajo, con el botón del aire acondicionado justo al lado de la llave de contacto. Elevalunas eléctricos, cierre centralizado y una lista de opciones propias de su época conforman un interior en el que nada se ha dejado al azar. Todo está listo para su uso, aunque, evidentemente, no cuenta con el diseño modernísimo que exhibe el C4.
Confort de marcha
Como decíamos antes, todavía resulta llamativo darse un paseo con este ZX, que cuenta con un tren trasero autodireccional que nos ayuda a tomar los giros a cierta velocidad. El paso por curva es ciertamente magnífico, haciendo palidecer en su día a sus principales rivales. El C4 que probamos quizá no iguale la agilidad de su antecesor, aunque esto está provocado por un esquema más pensado para la comodidad que para la deportividad. Gracias a ello, es posible alcanzar buenas medias en carretera y nunca tendremos que renunciar a largos viajes. Ayuda su motor diésel de casi 140 CV, que además gasta poco, muy poco. No podemos decir lo mismo del 1.8 de gasolina que monta su rival, puesto que, aunque sus más de 100 caballos resultan más que suficientes para mover con soltura el conjunto, el consumo medio muchas veces se aleja de los 8 litros de su registro oficial. En cualquier caso, una buena salida y medias por encima de 140 km/h dan fe del buen trabajo hecho en el 4 cilindros de gasolina.
Maletero y plazas traseras son también suficientemente amplias como para acoger a cinco pasajeros con su equipaje, mucho más holgadamente en el caso del C4, claro está. El hecho de contar con un techo panorámico de cristal relaja los viajes y nos permite descubrir una nueva perspectiva en los recorridos por la ciudad, además de contar con una ingente cantidad de luz. Es un invento bueno, cómodo, pero que no se puede abrir, puesto que resultaría imposible alojar el cristal en el propio vehículo. En cualquier caso, una cortinilla corredera nos permite tapar el cristal cuando la insolación alcance niveles poco recomendables, que por otro lado nunca llegarán a molestar al conductor.