miércoles, 07 de enero de 2009

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La montaña palentina

12/12/2006

Nacho BLANCO

La montaña palentina

Justo al terminar Tierra de Campos, cuando las doradas extensiones de trigo y cebada se tornan en el verde de hayas y robles, mezclándose con el gris caliza de las montañas, comienza la montaña palentina. Una privilegiada reserva natural que guarda miles de encantos, desconocidos para una inmensa mayoría, y que no deberíamos dejar de visitar.

Pocas veces hemos oído hablar de Palencia, esa pequeña provincia entre León y Burgos, que limita por el norte con Cantabria. Si intentamos imaginarla, se nos vendrá a la mente extensos campos de cereal y posiblemente alguna iglesia románica. Pero si seguimos camino hacia el Norte, encontraremos unos parajes que, a buen seguro, ni siquiera sospecharíamos que pertenecen a Castilla y León. Son, sencillamente, los primeros escarceos que los Picos de Europa tienen en nuestra Península cuando les atacamos desde el Sur, con cotas que alcanzan los 2.500 metros y salvajes bosques autóctonos de robles y hayas.

La montaña palentina da comienzo por el Oeste, en Guardo, uno de los pueblos más importantes de la provincia, que conoció épocas de mayor esplendor cuando la mayoría de la población se dedicaba a la minería, a la extracción de carbón, algo que ahora ha cambiado debido a la importación del negro elemento de terceros países. En el centro nos encontramos con Cervera de Pisuerga, y por el Este abre la vía Aguilar de Campoo, conocido por ser el lugar de nacimiento de las famosas galletas María Fontaneda. Las tres localidades forman una línea imaginaria, a partir de la cual, y siempre hacia el Norte, coronan la provincia de Palencia con un halo verde de montes y bosques, salpicado por montañas y valles; un hábitat natural de especias protegidas como el oso pardo o el urogallo.

Un agradable paseo

Las opciones de la comarca son muchas para los amantes de la naturaleza, pero todas ellas están presididas por una, la tranquilidad. Hay itinerarios para todos los gustos, desde la ruta de los pantanos, que va de Guardo a Cervera de Pisuerga bordeando los embalses de Compuerto, hasta Camporredondo y Ruesga, para lo cual ni siquiera debemos bajarnos del coche. Además, podemos disfrutar de una deliciosa comida en cualquiera de los restaurantes a lo largo del paseo, bien en Camporredondo, Vidrieros o en el Parador Nacional de Cervera de Pisuerga.

A partir de aquí, del viaje más cómodo podemos evolucionar hacia caminos mucho más aventureros. Desde dejar nuestro coche al pie del asfalto y emprender una caminata hasta llegar a la cascada de Mazobre, o sencillamente adentrarnos en cualquiera de sus hayedos en busca de las diferentes clases de setas que allí nos podemos encontrar. Una de las mejores opciones es, sin duda, disponer de un todoterreno y llegar, por alguna de las pistas forestales, a zonas más apartadas, como por ejemplo la ruta de los pueblos abandonados, que parte de la presa de Compuerto, y en su recorrido visita dos localidades deshabitadas en diferente estado de conservación, Valcovero y Valsurvio, para salir de nuevo a Camporredondo.

Por supuesto, si lo que nos gusta es andar por el monte, tenemos varias opciones con diferentes grados de dureza. Desde marchas de unas horas a un día de duración, donde podemos encontrar escondidos entre los bosques de caducifolios el verde oscuro de enormes acebos, hasta rutas con mucha más acción. Si eso es lo que queremos, hay dos picos que son el techo de la montaña palentina, el Espigüete, con 2.450 metros de altitud, y el Curavacas, con 2.525 metros, que son un buen desafío para cualquier escalador. En sus alrededores, encontramos preciosos lagos de alta montaña, como el Lago Las Lomas, a la vera del Espigüete, o el Lago Curavacas y las lagunas de Fuentes Carrionas, que dan nombre a la reserva natural y son el lugar de nacimiento del río que riega el oeste de la provincia, el Carrión.

Hábitat del oso
La fauna y la flora son, sin duda, otro de los mayores atractivos de esta zona, hábitat natural de especies como el oso pardo, el urogallo o el lobo. Una de las épocas más sorprendentes es la llamada berrea, habitualmente en septiembre, momento del celo de los ciervos, donde podemos observar y escuchar a los mejores machos de esta especie luchar por conseguir una buena manada de hembras.

Si somos aficionados a la micología, éste es uno de sus paraísos, y si la primavera o el otoño viene bueno, ir a setas se convierte en el auténtico deporte de la comarca. Champiñones, senderinas, níscalos, seta del caballero, boletus o lepiotas, por citar algunas especies de las que podremos disfrutar luego en el plato.

Pero además de naturaleza en estado puro, en el norte de Palencia nos podemos encontrar, como en toda la provincia, con la mayor concentración de arte románico de Europa. Centrándonos en el área de Aguilar de Campoo, podemos contemplar en el mismo pueblo la iglesia de Santa Cecilia, con su torre del siglo XII, y un poco más allá nos toparemos con la colegiata de San Salvador de Cantamuda, una de las más bellas espadañas del románico español. Prácticamente, cada iglesia de la zona tiene un elemento a destacar, y si sabemos apreciarlo, cualquiera nos dará las pistas para ello.

Si queremos seguir disfrutando de arquitectura de otras épocas, a escasos 30 km al sur de Guardo, junto a Saldaña, nos encontramos con la villa romana de La Olmeda, una auténtica maravilla con restos romanos datados en el siglo IV d.C., y que cuenta con uno de los mosaicos policromados más grandes que existen, con 174 metros cuadrados.

En fin, un buen destino para disfrutar de unos días tranquilos en contacto con la naturaleza y, por supuesto, con una buena gastronomía, que a buen seguro nos hará regresar.

 

 

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