miércoles, 07 de enero de 2009

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Luis Moya, el gran escudero

Luis Moya, el gran escudero

Luis Rodríguez Moya ha sido una de las personas más importantes en la vida deportiva de Sainz. Este gallego, simpático y dicharachero, empezó como copiloto del madrileño en el año 1988, prácticamente cuando forjaban su camino de éxito en el Mundial de Rallyes. Fue la cara más accesible y amable del equipo, y para el recuerdo quedará siempre su peculiar forma de “cantar” las notas y las frases “lapidarias” cuando más se les torcían las cosas, como el “Carlos, por Dios, trata de arrancarlo…” que espetó a Sainz en el Rallye de Gran Bretaña de 1998 al quedarse tirados con el Toyota Corolla a 500 metros de la meta y del título mundial ese año.

Su relación profesional acabó en el año 2002, pero se le recordará siempre como el gran escudero y amigo de Carlos. Desde que dejara la competición activa y el copilotaje, la amplísima experiencia de Luis le permitió seguir vinculado al Campeonato del Mundo, en este caso como director deportivo del equipo Subaru de 2004 a 2006.

Tras este lapso, y ahora con 47 años de edad, ha sido monologuista en un concurso de televisión y hace muy pocas fechas cruzó a nado el Estrecho para recaudar fondos y aportarlos a una organización de ayuda a indigentes.

 

Magazín

Carlos Sainz, fugaz regreso

12/12/2007

Diego PÉREZ / Fotos: J. BRICHETTE y DPPI

Carlos Sainz, fugaz regreso

Sigue en activo y compitiendo al máximo nivel en el Dakar, pero después de que en 2005 se bajara de un coche de rallyes no había vuelto a subirse a uno para luchar por la victoria. El mes pasado volvió a respirar la magia de esta disciplina, y además en el mismo rallye que le vio nacer como deportista, el Shalymar de Madrid.

Fue una bonita historia. Breve y fugaz, pero un regalo para disfrutar y recordar. Por supuesto, no fue una vuelta definitiva a los rallyes, pero tampoco una mera exhibición. Carlos Sainz, el gran bicampeón, uno de los mejores pilotos de todos los tiempos, prestó su imagen, su talento y sus manos para reclamar la vuelta de los rallyes de primera línea a Madrid. Era una cuenta pendiente con el Shalymar, la misma prueba que en 1980, con apenas 18 años, le vio dar sus primeros pasos dentro del mundo del automovilismo en carretera.

Por aquel entonces Sainz acababa de sacarse el carné de conducir, y lo único en lo que pensaba era en coger aquel Renaul t 5 TS que “heredó” de su hermano para correr. El Shalymar se circunscribió al Campeonato de España de Rallyes el año anterior y Carlos pensaba en emular a figuras que como aficionado había seguido desde años antes: Jorge de Bagratión, Eugenio “Genito” Ortiz, Antonio Zanini, Beny Fernández… Lo tenía a tiro. El primer obstáculo Con esa edad y la pasión de la gasolina por sus venas, era irrefrenable que descuidara sus estudios de Derecho. El padre de Carlos, diplomático de profesión, no aceptaba la idea de las carreras, pero con un antecedente de pasión “rallística” en la familia, la de su hermano Antonio, las cosas fueron algo más fáciles para seguir adelante.

Sin el apoyo paterno, con unos medios precarios y una maleta llena de ilusión, Sainz consiguió que su amigo Juanjo Lacalle le acompañara en la aventura. A pesar de algunos nervios, ese copiloto y amigo, con experiencia en competición, se fijó en la forma de trazar del “novato”, de su tem- planza y rapidez, por lo que no dudó en seguir apostando por él. Ese rallye empezó y acabó, pero a partir de ahí pasarían muchas más cosas. Comenzó la historia de un piloto que ganó el primero de sus dos Campeonatos de España siete años más tarde, y el que entraría por la puerta grande de la historia del automovilismo por sus dos títulos mundiales y por ser uno de los pilotos que más rallyes ha ganado en su dilatada trayectoria.

Muchas virtudes
Carlos Sainz en rallyes lo ha demostrado todo. Venció y perdió, pero también se ganó a pulso el respeto de rivales y aficionados por su rapidez, regularidad y tesón. Quienes le conocen y han seguido de cerca su carrera saben que fue, y es, un ganador nato, de los que asumen la derrota a regañadientes, y además un autént ico profes ional . Quizá algunos veían en su perfeccionismo un defecto, pero la historia ha demostrado su buen hacer y la magia que tiene en las manos y en los pies.

A día de hoy se ha impuesto un nuevo reto, vencer en el Dakar, y tras dos ediciones en las que ha ido cada vez a más, muy probablemente está ya en condiciones de optar al triunfo final. Su capacidad es innata y sólo es cuestión de tiempo. El Shalymar, 27 años después La idea de correr la presente edición del rallye madrileño, que ha solicitado la preinspección para formar parte del calendario del Campeonato de España en 2008, viene del propio Carlos, presidente de honor de la organización de esta prueba y defensor de tener un rallye de nivel en la capital.

Para ello dispuso de una her ramienta a la altura de las circunstancias , un Skoda Fabia WRC de última generación, y un compañero de lujo: cinco años después, Luis Moya volvía a ocupar el asiento de la derecha en un coche de competición con Carlos Sainz.

El resto, pura fantasía. Hasta un precioso y soleado día acompañó a un Sainz que voló sobre todos y cada uno de los tramos de un rallye con sabor a reencuentro. Los aficionados, a miles, jalearon en cada uno de los tramos el paso firme hacia la victoria del madrileño, e incluso los rivales disfrutaron con las lecciones maestras de un campeón que volvió a disfrutar de un rallye. De su rallye.

 

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