miércoles, 07 de enero de 2009

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Ferrari Pininfarina P4/5

30/11/2006

Rafa J. CID

Ferrari Pininfarina P4/5

James Glickenhaus tiene algo que nadie más posee: un Ferrari, uno construido por Pininfarina especialmente para él a partir de un Enzo. Le ha costado 3 millones de euros, y con él ha acudido al Concurso de Elegancia de Pebble Beach y al Salón del Automóvil de París para que todos sean testigos de su amor. Es el Ferrari Pininfarina P4/5, toda una obra de arte. ¡Enhorabuena, James!

Creo que ya lo he dicho en alguna ocasión. Dice Woody Allen que el dinero no da la felicidad, pero que aporta una sensación tan parecida que solamente un experto podría diferenciarla.

Y ha sido el dinero de James Glickenhaus, un multimillonario americano coleccionista de Ferraris, el que ha permitido el nacimiento de una obra de arte, el P4/5. El encargo fue hecho a Pininfarina sin apenas condiciones. Se habla de que las únicas indicaciones iniciales para el carrocero italiano fueron que el diseño fuese vanguardista, innovador y que la base fuese un Ferrari ya existente, el Enzo de 660 CV.

Dicho y hecho. Pininfarina aceptó sin problemas, pues ya está acostumbrado a peticiones de este tipo, y me vienen a la mente ejemplos como los ocho Ferrari con carrocería familiar que encargó el Sultán de Brunei hace unos años, o los modelos cabrio que la firma creó a partir de otros cerrados. Es más, hace menos de un año pude ver anuncios de venta de alguno de ellos en Inglaterra.

Andrea Pininfarina y Ken Okuyama, diseñador del Enzo, junto con Jason Castriota, tomaron sus lápices y ordenadores y pusieron sus cerebros a trabajar.

Debut a lo grande
Aun antes de nacer, el P4/5 ya empezó a suscitar interés. La revista holandesa AutoWeek publicó unas fotos del coche antes de ser entregado, pero resultaron ser falsas. El propio Glickenhaus contestó rápidamente a la publicación que "ese no era su coche".

Después de estrenar su vehículo en las carreteras italianas, James quiso presentarlo en sociedad como Dios manda. Y para ello, no pudo encontrar un mejor escenario que el Concurso de Elegancia de Pebble Beach, que se celebra en California cada mes de agosto. Es, de largo, el más ambicioso del planeta, y a él acuden los más selectos modelos de todos los tiempos. Además, acoge concentraciones y premios específicos para Ferraris, que allí se cuentan por docenas. El de Glickenhaus causó sensación, como puede verse en los videos de las páginas web www.jalopnik.com o el www.youtube.com, rodeado de aficionados. "Pienso encargar también un Alfa Romeo 8C Competizione", declaró su propietario. La propia Pininfarina preparó un escenario para el evento, en el que varios de sus creadores, Andrea y el ilustre propietario, dijeron unas palabras. Semanas más tarde, el Salón del Automóvil de París acogió a su vez al poderoso P4/5, y todos los que allí acudieron pudieron verlo.

El coche
Cuando se pusieron manos a la obra, en Pininfarina tenían claro que iban a fabricar un vehículo único, inspirado en los de competición, pero capaz de rodar por las calles.

Tras los primeros bocetos, se utilizó el diseño por ordenador para definir las superficies al milímetro (mediante el programa CAS) y se procedió a iniciar la construcción final.

El resultado es verdaderamente espectacular. Inspirado en los Ferrari P3/P4 de competición de los años 60, que compitieron en Le Mans y ofrecían 450 CV gracias a un motor V12, se recrea ampliamente en ellos, pero sin copiarlos. Éste fue un consejo de Castriota, uno de los diseñadores del proyecto.

El vehículo parece un sport prototipo, y nada tiene que envidiar en fuerza visual al modelo del que deriva, el Enzo, que quizá recuerde más a un Fórmula 1. Incluso tiene mejores propiedades aerodinámicas y pesa menos, lo que da una idea de la profesionalidad del trabajo de Pininfarina. Para ello, la firma realizó un intenso trabajo de pruebas en el centro de Aerodinámica y Aeroacústica que posee en Gruliasco, Turín.

Contrasta el techo en color negro con el rojo del resto de la carrocería, algo que le hace parecer todavía más bajo de los escasos 1,12 metros de altura que levanta del suelo. El parabrisas, obra de Isoclima, es de una sola pieza. Las amplias tomas de aire frontales en la parrilla y en el capó hacen parecer a éste un amplio alerón delimitado por las amplias aletas laterales, sobre el que reina el logotipo de Ferrari.

Toda la parte trasera se levanta para dejar al descubierto el motor, y llaman la atención las salidas de escape en forma de respiraderos de barco surgiendo hacia arriba.

En total, unos 200 componentes fueron específicamente desarrollados para el P4/5. Desde la carrocería de fibra de carbono hasta los faros bi xenón, por ejemplo, con un innovador diseño a base de luces amarillas y blancas, ambas tipo LED, pasando por las llantas de aleación de 20 pulgadas de diámetro. En el interior, también hay un buen puñado de modificaciones con respecto al diseño original, como la consola central o la luz azul, lugar donde las indicaciones del propietario fueron más precisas. A él se accede mediante puertas tipo alas de gaviota.

Más rápido que un Enzo
Es de cajón. Si el P4/5 es más ligero, atraviesa de forma más fácil el aire que un Enzo, y posee el mismo motor, pues resulta que sus prestaciones son superiores.

Es capaz de alcanzar los 100 km/h en 3,55 segundos, y su velocidad máxima es de 362 km/h, cifras que en el modelo del que deriva se corresponden respectivamente con 3,65 segundos y 350 km/h.

Todo ello, gracias a su poderoso V12 a 60 grados de 6 litros de cilindrada, totalmente fabricado en aluminio y colocado en posición central trasera. Genera 660 caballos a 8.200 vueltas y 657 Nm de par motor a 5.500, lo que, en ambos casos, es más de 100 CV por litro.

Al igual que el motor de los Ferrari de Fórmula 1, el sistema de admisión consiste en unas trompetas telescópicas que varían su longitud mediante un sistema hidráulico. La distribución también es variable, el acelerador, electrónico, y el embrague, bidisco.

Como no podía ser de otra manera, la caja de cambios secuencial de seis velocidades entrega la fuerza a las ruedas traseras, no tiene modo automático y se acciona mediante pulsadores en la columna de la dirección. Dos son sus modos de funcionamiento, Sport y Race, que se diferencian por la velocidad y suavidad con la que realizan los cambios. Como el BMW M5, cuenta con un sistema de salida que permite revolucionar el motor en parado para iniciar la marcha en el régimen óptimo, algo vetado a los demás cambios automáticos.

La suspensión es de doble triángulo en ambos ejes, y la amortiguación, electrónica, con control variable de la firmeza continuo. En cuanto a los frenos, son de carbono, con diámetro 380 mm.

 

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